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Capitulo 37

Capitulo 37

Lo quede mirando con la vena latente en mi garganta. ¿Por qué tenía que jugar con mis sentimientos de esta manera? Lo fulminé con la mirada, no hice mas que eso. Sin mediar palabra di media vuelta y me encaminé hacia el garage sin siquiera besarlo. Con lo que me hubiese gustado…
Me subí al mini cooper por el lado del conductor y ensendí el motor, intentando deleitarme con aquel maravilloso sonido que siempre me tranquilizaba. Esperé que aquel sonido resultara efecto, sin embargo eso no pasó, puesto que su voz se hizo presente en el lugar.
-Llamame apenas llegues –levante mi vista poco a poco con mis manos apretando con fuerza el volante. Cuando vi sus ojos, cargados de dolor, tal y como lo estaba mi corazñon, creí que no lo aguantaría un segundo mas y que me tiraría ensima suyo a abrazarlo y consolarlo, pero debía ser fuerte. ¿Contra el?
Derrepente el motor paró. Puede que sea común, luego de tanto tiempo en marcha sin ningún tipo de movimiento. Asi que intenté volver a arrancarlo peronada. Habré intentando unas ocho veces hasta que desistí por completo.
Alcé mi vista y alló estaba el, otra vez, con su cuerpo y cabeza recostado contre el marco de la puerta, totalmente irresistible. Una sonrisa se escapo de sus labios, ¿Me había escuchado?
Me miraba con tanta dulzura, que realmente no se cuanto más aguantaría.
En eso suena mi teléfono, con aquel rigton de Lady Gaga que tanto me gustaba.
Lo tomé presipitadamente y me lo lleve al oído.
-¿Jake?
-Emm, no, soy Flor –me corrigió la vos de campanita de mi mejor amiga.
-a, con vos tengo que hablar muy seriamente. ¿Te pensas que me vas a tober a mi hermano tan facilmente? –terminé riendo fingidamente, arruinando mi supuesta broma, o quizas complementandolo. De alguna manera, ella no debería darse cuenta de mi real estado.
Flor tambiñen rió, pero vergonzosamente.
-Estoy enamorada –comentó y soltó un suspiro.
-Te entiendo, yo estoy muy enamorada, incomparable ¿Verdad? –volví a levantar mi cabeza y allí seguía el, pero ahora, luego de aquel pequeño pero doloroso entuerto, tenía una sonrisa hermosa tallada en sus labios.
Descendí del inactivo auto y mientras escuchaba sin prestar atención a las palabras de mi amiga. Mire a Edward fijamente a los ojos, los cuales, prefectamente dorados, resplandecían de sentimientos encontrados.
Me voltié lentamente y me deslicé apoyada en el lustroso auto hasta llegar al sulo, donde caí sentada.
-…¿Segura que Alice no se enojará verdad? -siguió hablando Flor, con algo de alegria y preocupación. A decir verdad, fue lo unico que escuché de todo su discurso, ya que en todo momento estuve atenta a la figura de Edward que se acercaba progresivamente hacia mi y resbalaba, al igual que yo, hasta llegar al suelo.
Inesperadamente, las lágrimas comenzaron a fluir por mis ojos, mientras su congelada mano tomaba la mía.
-No, claro –contesté a la inentendida pregunta que Flor me había echo, con la voz entrecortada, intentando reprimir la aguda voz que las gotitas calidas que derramaban mis ojos prodría provocarme, sintiendo como constantes corrientes eléctricas recorrían mi cuerpo desde mi mano.
-¿Entonces a las once? –continuó la interlocutora, aunque esta vez no tenía respuesta salvavidas.
Sin dejar de mirarlo busqué la respuesta adecuada para aquella desconocida y descolocadora pregunta.
-Decile que si –susurró Edward en mi oido. Tanta cercanía hizo que mi cuerpo temblara en extrañas y leves convulsiones.
-Emm… -susurré al teléfono intentando concentrarme para decir un simple SI, ¿por qué tenía semejante efecto en mi? –Si...
-Perfecto, nos vemos besta… Y, ah, por favor, avisale a Jasper, y no me mates –dijo entre risitas y corto.
Arrojé el teléfono como si de una pelota se tratase y me quedé mirando a un punto fijo con una interesante idea rondando en mi cabeza. Di una hojeada a mi acompañante quien tenía la mirada clavada en nuestras aún unidas manos y no lo pense dos veces.
Con mi mano libre, la izquirda, rodee su plano pero musculoso estómago y me aprisioné sobre el, depositando sobre su duro pecho mi cabeza.
Con su mano libre, rodeó mi cintura y con un agil e impersibible movimiento me sentó sobre el.
-Dejemos de peliar por un día entero por favor –suplicó mientras besaba con dulzura mi cabello.
-Dejemos de ser tan celosos por un día entero por favor –lo imité yo, mientras acariciaba su espalda.
-Si sabes que yo nunca voy a hacer nada con Bella, es humana –explicó com si fuera obvio.
-¿Qué, si no lo fuera si harias? –pregunté mirandolo con los ojos entrecerrados, con mis manos haciendo presión sobre aquel pecho de marmol.
-Sabes a lo que me refiero –refutó.
-Yo también soy humana –contraataque.
-Macarena, ¿podes dejar de dar vueltas? ¿podes dejar de desconfiar de mi? –susurró de manera dulce y melancolica con un notable deje de enojo.
-¿Nunca amos a volver a peliar, no? –estaba harta, volviamos a los cuestionarios y peleas.
Me levanté de sus piernas y comenzé a caminar en dirección al nuevo Audi blanco que mi padre había comprado hacia solo unas semanas. Estaba tomando la manija de la puerta cuando, en un inesperado movimiento, Edward me atrajo a si, y me besó.
Al comienzó parecía una batalla entre quien era mas fuerte que el otro, quien era mas rudo que el otro, en la que el ganaba. Despues fue algo tan dulce, tan cargado de amor que incluso cegaba.
Sin duda, nunca voy a amar a otro hombre como amo a Edward, ¿o quizas si? Bueno, al menos, no tanto como a Él.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

massssssssssssssssssssssss nove!!! esta buenisima!!!!