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Capitulo 10

Empeze a toser deaforadamente para que la nueva parejita no se besara. Los gemelos Hale, el nombre con el que se le solía conocer a Jasper y Rosalie, por ser rubios y parecerse, estaban por pasar por la cocina y a punto de ver todo lo que sucedía.
-¿Vamos? –preguntó Jasper entrando. Justo cuando Alice se iba al lado de Esme, separandose al máximo de Emmet.
-Eh… si, vamos –dije algo nerviosa y como siempre al persivirlos, Jasper se tenso.
-¿Podes calmarte por favor? –me dijo mientras me abrazaba y una oleada de tranquilidad recorría mi cuerpo. La sensasión que te provocaba que mi hermano Jasper utilizara su don sobre vos, era completamente extraña. Un efecto sumamente fuerte. Estas en tu punto mas alto de alteración y al momento estas en una paz increible. Un estremecimiento recorría mi cuerpo y luego todo pasaba. -¿Vamos?
-Vamos –repetí y nos fuimos juntos abarazados. Del otro lado, tenía a Ed agarrado de mi mano. No se que haría sin su contención, explotaría.
Llegamos a la escuela, bien vestidos como siempre, y resaltando como siempre. Esta ves estabamos todos juntos luego de una semana y otra vez pareciamos el “clan” Cullen, o la pandilla. A las que todos miraban antentos.
-Flor –grité acercandome a mi amiga, intentando que no se me levantara la pollera con el viento que pegaba el día de hoy.
-Maqii… ¿cómo estas? –me abrazó y luego reparó en que no estaba sola, estaba con mis hermanos y un color rojizo pobló sus mejillas.
-Ella es Rose, el es Emm, Alice y Jasper –ella asentía a todos con la cabeza y accompañada de una sonrisa, a execepción de Jasper, que ademas de todo eso, le agregó una vergüenza y rojo intenso como no la había visto nunca. Mire a Jasper y vi que, como ella, tenía la cabeza gancha, aunque al ser vampiro, no se podía notar si estaba o no avergonzado, aunque yo lo conocía.
-Hola –dijeron todos al unisono.
-Y el es Edward –sonreí, lo mire, y para que… Me lo quedé embobada mirandolo.
-El famoso Edward –masculló Flor –mucho gusto. –y le sonrió.
-Lo mismo digo –dijo Edward con la gentileza que lo caracteriza, acompañada por una arrebatadora sonrisa.
En eso sentí el rugido de una moto detrás nuestro. Ese sonido lo reconocería aca y en todos lados. Como con nosotros, todos se dieron vuelta para mirarlo, incluso nosotros. Hay que admitir que el lobito no estaba nada mal. Se sacaba el casco de una manera sexy que lo hacía estar incluso mejor. Era extraño, al perecer era una virtud de lo sobrenatural. Todos los que no eran… humanos, eran hermosos, con cuerpos perfectos. Sin duda, una caracteristica de los eternos. ¿Jacob lo era? Cuestión pendiente.
Se bajo de su moto luego de aparcarla, cargando con la mirada de muchos curiosos y muchas babosas. Me miró y sonreí, yo hize lo mismo.
-Voy a saludarlo amor, ya vengo –le dije a Edward. Rose sus labios con los mios a la vez que el profería un suspiro que me hizo estremeser. Quería pegarme con poxipol si era necesario a esos labios y no separarme nunca, pero ahora iba a ir a ver a mi amigo asi que ¡Centrate Macarena!
Fui hasta donde estaba Jacob. Justamente tuve que cruzar todo el aparcamiento para llegar.
-Jake –le iba a dar un beso en la mejilla pero el me dio un fuerte abrazo.
-¿Cómo estas princecita? –yo le sonreí pero luego lo fulminé con la mirada –ok, princesa.
-Ahora mejor –y le regalé una resplandeciente sonrisa.
-Veo que viniste con toda tu pandilla –dijo mirando despectivamente a mi familia.
-Ehi, que son mis hermanos –y le pegue en el brazos. Juro que no intenté darle muy fuerte, pero fue como hacerlo contra una pared de cemento.
-¿Estas bien? ¿Estas bien? –preguntaba Jacob alarmado mientras revoloteaba alrededor mio, y yo me quejaba del dolor.
-Dame esa manito –dijo la vos aterciopelada que anciaba escuchar. –¿te duele mucho? –asentí y fui ahí cuando sentí el alivio. Cuando el roso su mano fría entre mis falanges casi diría que nunca hubo dolor, pero de seguro había un hueso roto.
-Anota en mi lista no pegarle mas a licantropos –casi grité y cuando estaba terminando de decir licantropos Edward me estampó un beso, manteniendo mi mano entre la suya. Yo seguñi el beso con toda la pasión que en mi albergaba, sin embargo note que no me lo quizo dar porque lo necesitaba, sin no para callarme.
-¿A quines no les vas a pegar mas? –me susurró en mi odio.
-¿Eh? –yo estaba mas desorbitada con ese beso que no entendía ni de que me hablaban. Derrepente soltó mi mano delicadamente pero el dolor volvió. También mis quejas.
-Vamos, te llevo a enfermería. –dijo Jacob y cuando iba a tomar mi mano Edward me apartó.
-Los perritos se van a clase, yo soy médico, se que hacer, gracias –dijo Edward super despectivo.
-Primero, no me trates como un perro, porque no lo soy. –Edward estalló en risas sinicas.
-Segundo, te callas –terminó la cuenta Edward, me tomó de la cintura y me llevó al Volvo.
-¿Te duele mucho mi vida? –me preguntó con la vos compungida.
-No si vos me tocas –susurré y al segundo me puse colorada –la mano quiero decir… la mano.
El se empezó a reir y yo quería esconderme de la vergüenza. Para que dar explicanciones si el ya me había entendido. Estaba tonta, sin duda. Me quería pegar por estupida pero para que embarrarla mas.
-Si queres tocar, vos sabes… -quize hacerme la sexy mientras subi al Volvo pero me sentía un inutil. Y lo era.
-¿Segura que puedo tocar? –escuché su vos pero no había notado donde estaba, porque en un pestaneo estaba sentado en el asiento del piloto, con la puerta del ato cerrada y a dos milimetros de mis labios, con nuestras agitadas respiraciones entremezclandose. -¿Todo lo que quiera?
Su vos acaramelada era irresistible. El dia que sabía hacerse el sexy, aunque el no necesitaba hacerse, ya lo era. No aguante mas, como de costumbre y lo besé. ¡Que poco aguanto! Pero ¿quién aguataria? Sus labios, su aliento, su boca, su lengua, su jugo, su sabor, su totalidad. Era imposible el control frente a el.
Pero mi mano volvió a chirriar asi que tuve que separarme para gemir de dolor.
-Vamos a ver a Carlisle –dijo decidido. Arranco el motor y salio disparado por la puerta.
-¿No es que vos sos medico? –dije para picarlo mientras acercaba mi mano a su frio cuerpo.
-De echo estudie dos veces la carrera –dijo para hacerse el interesante –pero me temo que no tengo un máquina de rayos X en la cabeza.
-Y yo que creía que eras casi perfecto -el agacho la cabezo fingiendo tristesa. –Pero no, no lo sos… sos del todo perfecto. –Levantó su cabeza, saco una ancha sonrisa y me besó.
Llegamos al hospital minutos despues. Realmente la manera de manejar de mis hermanos, incluso de mi novio, era muy acelerada. Y eso me encantaba.
Llegamos al despacho de papá y este se alarmó al vernos entrar.
-¿Pero que pasó? –dijo viniendo hacia mi en milesimas o millonesimas de segudos. ¿Cómo es que todavía no me acostumbrabra a esto?
-Le pegó a alguien. –dijo Edward levantando mi mano
-Dejame ver –dijo papá tomando la mano y tocando delicadamente mis dedos, un tacto que no me dolió en absoluto. –tengo que hacerte rayos –Edward me mostró su sonrisita de suficiencia.
Fuimos a rayos y cuando la placa estuvo inpresa, papá vino a darme el dignostico. Apenas la miró y ya entendió todo, despues se la dio a Edward que también la revisó.
-¿A quién le pegaste hija para hacerte este destrozo?
-A un licantropo –su mirada paso por sobre mi cabeza hasta Edward, con los ojos desorbitados.
-No, estaba en la otra punta y no lo vi venir –contestó Edward a alguna pregunta mental que le había formulado mi padre. –tenes fisurado dos nudillos y por poco te doblas en meñique –dijo mi doctorcito en todo profecional.
-Esactamente eso –dijo papá y sonrió ogulloso de su hijo-llerno. –Dame que te vendo.
Me hizo una benda y me dijo que despues me llevaba un medicamento a casa que iría a comprar el personalmente a la salida del trabajo.
Insistí en ir al colegio pero Edward se negó y no valía la pena enojarme con el, mas bien disfrutar de un día sin clases. Insití para jugar a la playstation. Al ser de otra generación a Edward le insentivava conocer otras tecnologías y aprender a usarlos. Como era el caso. Aunque el aprendía rápido, para este juego todavía era de madera, asi que le podría ganar con una mano sola.
Pasamos toda la tarde entre el juego, risas, caricias y besos. La mejor mañana-tarde sin lugar a dudas, descartando el dolor de la mano.
Sobre las cuatro de la tarde llegaron mis hermanos. Menos Jasper y Rosalie.
Emmet y Alice llegaron tomados de la mano y fue un gran sobresalto para mi. Verlos juntos… cuando siempre me parecieron solo hermanos, me era muy extraño.
-¿Ya? –les pregunté. Ambos asintieron y yo me tire sobre ellos para abrazarlos, procurando no lastimarme la mano –hacen una muy linda pareja –les susurré al odio.
Ellos sonrieron y se dieron un pico. Eso me sobresaltó aun más, pero era de esperarse que eso pasara.
-¿Como esta mi hermana la boxeadora? –dijo Emm acariciando mi mano vendada delicadamente.
-Ya me vez –dije lenvantandola.
-Creo que viene tu contrincamente –dijo Alice arrugando la naris. Emmet hizo lo mismo y se fueron corriendo juntos hacia arriba. Edward arrugó la naris y su cara se transformó. Sin embargo, se situó a mi lado y me tomó por la cadera delicadamente.
Le abrí a Jacob la puerta y este hablo desesperado.
-Ahí, por dios ¿Cómo estas?¿Te duele? –sus ojos se desplazaban de mi cara a mi mano insesantemente. -Perdoname
-Estoy bien, estoy bien –dije para calmarlo. –no hay nada que perdonar, fui yo la tonta que no reparó en tu fuerza.
-Si, pero…
-Pero nada, sos demasiado duro para una humanucha –y sonreí para levantarle los animos –ademas fue muy leve, pero vos demasiado fuerte.
-Perdón –repitió pero luego sonrió -Quién me manda ser licantropo che…
-Quien me manda pegarte che… -y ambos empezamos a reir.
Edward estaba a mi lado, tenso e incomodo, en ningun momento sonrió, siempre miraba a Jacob severamente.
-Ahora si, ya esta lo que querías saber, te vas –dijo Edward cerrandole la puerta a Jacob en sus narices e intentando llevarme para arriba.
-Muy mal Edward… muy mal –repetí cuando escuché el rugido de la moto de Jake sobre la acera.
-Perdón –agacho la cabeza con culpa, pero intenté no mirarlo en lo mas minimo, si no se devilitarían mis fuerzas y caería en sus brazos para cosolarlo. Me arme de valor y subi las escaleras.

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