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Capitulo 9

-Fuera –gruño Edward a Jacob agarrandolo de la camiseta y haciendo que sus pies queden flotando en el aire.
-Eh que no soy un perro… -chilló el otro.
-Bueno… no siempre –estallé en risas y me tape la boca al ver la cara de enojo de Jacob –perdón –dije con una sonrisa en los labios… Es que soy tan efuciba…
-Fuera –repituó Edward y echo a Jacob por la puerta. Este me tiro un beso que hizo cabrerar más a Edward. Pero yo lo retuve entre mis brazos.
-No estuvo bien lo que hiciste –dije mientras cerraba la puerta.
-Claro… tendría que a ver dejado que se aprovechara un poquito mas ¿no?
-Me encanta cuando te pones celoso –dije rodeando con mis brazos su cuello.
-Es horrible esta sensasión… que no te encante tanto –casi gruño y se separó de mi, escabullendose escalera arriba.
-Anda a la cama, vas a ver que apenas llegues tenes un regalito –dijo Alice sonriendo.
-Gracias hermosa –le di un beso en la mejilla. Y fui a saludar a los demas.
Emmet me cojio en brasos como a una bolsa de papas y me subió hasta mi cuarto mientras yo chillaba.
Me dejo en el piso y le di un beso en la mejilla…
-Que tengas dulces sueños…
-Lo mismo digo –dije entre risas por la ironía de mi frase.
-A estas en graciosa no… -hizo ademan de atacarme, pero yo cerre la puerta de mi habitacion en sus narises.
Me fui al baño y me desvestí. Despues me di cuenta lo estupida que fui en no traerme el pijama, nisiquiera la bata.
Sali en rompa interior a mi habitación, puesto que supuse que no había nadie, pero al parecer me equivoque.
Sentado en mi cama como una bolita estaba Edward, que me miraba con ojos chispiantes, desorbitados. Yo mientras tanto, me moría de la vergüenza.
Agarré mi pijama y me vesti delante de el. Al fin y al cabo, el era mi novio, y no tenía nada que esconder.
-Perdón –susurró entre sus piernas.
-Estas perdonado –dije subiendome a la cama y dandole un beso en la mejilla para que se tranquilizara un poco.- ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que al unico que ame, amo y amaré por siempre sos vos?
-Yo no te pedí perdón por el tema Black, fue por entrar sin permiso.
-De eso no deberias preocuparte-dije ironicamente - pero de enserio Edward porque sos tan tozudo…
-Vos porque no lees sus pensamientos.
-Me estoy enojando Cullen –gruñí. Quería que dejara de comportarse como un chiquilín, que se comportara como la edad que tiene. Bueno… mejor no como “la edad que tiene”, no quiero un novio tan viejo.
-Y yo ya lo estaba desde antes…
-Edward… ¿qué te crees que hicimos?
-Macarena, yo pensaba llegar a mi casa y encontrarte a vos dormidita, y darte un beso y despertarte, para que te durmieras conmigo –esas palabras me hicieron sonrojar –no encontrarte durmiendo con el chucho…
-Me quede dormida, estabamos viendo una pelicula, por favor, no te enojes –dije acariciando su mejilla y poniendo mi cara de perrito degollado. Sabia que eso lo aflojaba.
-No me hagas esto… -susurró con la vos algo agitada.
-¿Qué no haga qué? –dije mientras paseaba mi naris por toda su cara haciendo que mi aliento pegue contra su piel, lo que lo estremecía por dentro. Cuando llegue a sus labios, no me resistí a besarlo, estuve todo un día sin ello y ya era insoportable… -Te amo…
-Yo Te Amo –susurró contra mi boca y sebe que el tampoco pudo resistir mucho. Me tomó de la cadera y me dejo boca abajo, con el ensima mío.
Las comisuras de mis labios se torcieron en una picarona sonrisa. Sus labios se pegaron a los mios y nuestras lenguas bailaron al compas de nuestros corazones. Muy agitados…
Como me hubiese gustado sacarle la ropa en ese mismo instante y terminar con el deseo que me carcomia por dentro… Pero entonces volvía el tema de “eres chiquita” y “yo soy vampiro”. ¿No podemos ser una pareja normal? Definitivamente, no eramos normal.
Como siempre me quede dormida en su pecho y a la mañana desperté sola.
Me di un baño y puse un mis chupines de jean preferidos junto a una camisita azul a cuadros y un pulover verde, con mis Convers del mismo tono.
Baje a la cocina y allí me esperaba mamá con el desayuno.
-Hola ma –le di un beso en la mejilla mientras ella seguía cocinando.
-Buenos días cariño –ella siempre tan dulce…
-Siento… siento el ambiete un poco tenso ¿no? –dije gesticulando con los brazos. Se sentía todo tan calmado, algo raro en casa.
-Tus hermanos han salido por unos minutos… Estan discutiendo -susurró.
-¿Por qué nunca me meten en los problemas? –refunfuñé. Que sea mas chica y no sea vampiro, no me impide enteder los problemas que podían suceder.
-Problemas de parejas –dijo para que no pensara mal. Y como siempre yo, agache la cabeza avergonzada. Como siempre yo, saltando antes de tiempo.
-¿Y Ed? –pregunté sonriendo.
-No, el no tuvo problemas con su pareja –dijo carcajeandose. Yo sonreí. Con que soltura se habían tomado todo…
-De enserio ma…
-Esta intentando apaciguar las aguas, Emmet y Rose, Jazz y Alice, no estan para nada bien.
-Pero si hasta hace unos días…
-Son solo apariencias. –susurró una vos masculina detrás mio.
-Papi –chillé y corrí a abrazarlo –te extrañe.
-Yo también pequeña –lo fulmine con la mirada. –Con cariño…
-Todos dicen lo mismo –mascullé, pero lo deje pasar. –Ustedes no aparentan ¿no?
Papá rodeó la mesa como un rayo mientras yo me sentaba en la silla de enfrente. Tomo a mama por la cintura y susurró casi para ella…
-Yo la amo a tu madre mas que a nada en el mundo –sonrieron y a continucación se besaron.
Carraspee y no pararon. Tosi un poco y tampoco lo hicieron. Casi me saque los pulmones de lugar para que pararan. Ya me estaban provocando nauseas.
-Hija, solo tengo veitiocho años –dijo papá.
-Oh, me olvidaba de tus hormonas post-adolecencia–susurré y echamos a reir.
Derrepente se oyeron dos portasos provinientes de la entrada, que creí que se desmantelaría la casa y luego vi como Emmet y Alice corrían hasta la cocina, mientras que Rosalie y Jasper pasaron por al lado y se fueron juntos sabe Dios dode.
Edward vino hasta la cocina con cara de ¿cansansio? Al parecer eso era… Tomo mi cintura y me beso en la mejilla. Mamá me tendió el desayuno y yo empezé a comer.
-No pueden actuar en contra de lo que sienten-dijo Edward mirando a Alice y a Emmet. Al parecer, respondiento a sus pensamientos.
-¿Qué? –dije yo. Ahora si que estaba desorbitada.
Alice y Emmet lo miraban con ojos deorbitados, y luego se miraron entre ellos y la dulzura les cubrió el rostro.
-Entiendo…-farfulle.
Estaba claro, Alice y Emmet se querían, y la hermandad no era lo que se los provocaba.
-Es cierto… -susurró Alice. Emmet sonrió y se fue acercando lentamente al rostro de ella…

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