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Capitulo 2

Me Había quedado dormida sentada en el regaso de Edward, ya que inconsientemente me he ido subiendo. Si, extraño, pero el me acunaba en su pecho mientras me tarareaba mi preciosa nana y lo extraño ya no importaba. Tampoco lo incomodo. Tampoco nuestra hermandad. Estaba con el y ya.
-Buenos días dormilona –dijo Edward mientras yo habría los ojos.
No me había dado cuenta hasta que habrí los ojos del todo, que no estaba sentada sobre Edward, sino que esaba acostada, en una cama, abrazada a el. Ruborizada solté mis brazos que, como fuertes abrojos, abrazaban a Edward por el cuello.
-¿Dónde…?¿Donde estoy? –estaba muy confusa.
-Llegamos a la casa.
Mire para todos lados, y esta no era mi casa, tampoco mi habitación. Y fue ahi cuando caí en la cuenta delos hechos, estabamos en la nueva casa.
Me desplomé sobre la cama.
-¿Qué te sucede cariño? –dijo corriendo el pelo de mi cara. No me había dado cuenta, el había estado todo este tiempo acostado conmigo. Que dulce –pensé.
-Nada… nueva casa, nuevo insitituto, nuevos amigos, nuevos cotilleos… estoy cansada de esto. Extraño a mis amigos. –estaba a punto de llorar pero me controlé.
-Ehi… eso no importa, nos tenes a nosotros. Me tenes a mi –dijo poniendo esa sonrisa torcida sexy que tanto me podía.
-Es cierto. Te tengo a vos –instintivamente me arroje a sus brazos. -¿Qué hora es? –pregunté aun sin soltarme.
-Las seis de la mañana, vamos, arriva que hoy empezamos el insituto.
-¿Ya? –pregunté y soltandome me volví a desplomar en la cama tapandome la cara con la sabana.
Sentí como unos dedos suaves y delicados, frios y perfectos tomaban la sabana y delicadamente la apartaba de mi rostro.
-Arriba Maqii –y esa sonrisa estaba allí puesta otra ves.
-Arriba –dije para darme animos y me levanté.
Tomé un baño rápido, Alice me dejo la ropa en mi cama a la salida del baño. Como siempre, para el primer día, bastante extrabagante. Un vestido corto. Si, buen corto, como dos manos arriba de la rodilla. Esta Alice. Era ajustado en el busto como los que a mi me gustaban y suelto en la parte inferior. El color me fascino. Era azul marino, color preferido de Edward, color preferido mio. Me puse las converse negras que tanto amaba, y que tanta suerte me daban. Bueno, mucha no, porque la uso siempre y ni una chance con Edward me habían dado. Desterré ese pensamiento, no queria ilusionarme mas de lo que estaba. Ensima el era tan dulce, siempre conmigo, siempre pendiente de mi, siempre me miraba dormir, pero siempre como su hermanita menor. MENOR.
Basta Macarena –grité en mi enterior.
Me ate el pelo con un colita dejando sueltos mis algunos risos y sali a desayunar.
Cuando baje, me ruborisé al ver que Edward me miraba, mucho, pero hize como si nada y segui bajando las escaleras con la cabeza gancha. Cuando llegue a la cocina, estaban mi madre y Alice cocinandome algo para comer.
-Hola ma –y le di un beso en la mejilla.
-Buenos días princecita.
-Ahí –gritó Alice y vino a abrazarme –Mañana, Mañana, Mañana. –chillaba dando saltitos conmigo abrazada. Yo sonreí. Me encantaba verla feliz.
-Si, no lo puedo creer –se acopló Emmet dando saltitos con nosotras. A veces era tan femenino.
-Emmet… ¿Qué haces? –dije separandome de ambos, mirandolo incredula, para que soltara alguna de sus tonterias.
-¿Qué… no puedo festejar yo también? –dijo poniendo pucheros.
Nos reimos y volvimos a abrazarnos. Mi madre nos miraba con una carita tan dulce. Ella era tan dulce. Que suerte que me hayan abandonada en el bosque de chiquita. Que suerte que me hayan encontrado los Cullen. Que suerte que tenía esta loca familia.
-Ey, no hay nada para mi –dijo Edward. Separó a Alice y a Emmet y me abrazó contra su pecho.
-Eh, que vos la tenes toda la noche –dijo Emmet separandolo de mi.
Yo lo miré mas roja que nunca. ¿Cómo decía eso? No había sonado como debía sonar. Suspiré en mi cabeza. Si fuera cierto…
Cuando salí de mi conciencia, los escuche que seguian discutiendo animadamente.
Me fui con Alice y los deje solos.
Cuando llegue al insituto con todos mis hermanos la mire a Alice y la maldije para mis adentros. Era un lugar pequeño, bien de pueblo, y yo estaba vestida con un vestido, super arreglada, super extravagante. No es que no me gustara, pero no era para este lugar.
Cuando salimos del auto todos se nos quedaron mirando embobados. El Volvo de Edward y el BMW de Rosalie eran los autos mas nuevos que había en ese aparcamiento y nosotros, bueno, mas que nada mis hermanos, llamaban mas aún la antención. Yo empezé a caminar en la cabezera. Como la lider de un gran grupo. Todos los chicos se quedaban mirandome. A veces hacían eso. Eramos los bichos nuevos. Un chico iba acercandose a hablarme cuando habíamos parado al frente de mi aula. Edward, que estaba a mi lado, tomó mi mano y escuche como un leve rugido se precipitaba desde su pecho. ¿Celos?. Lo dudo. Solo protección
No te generes ilusiones Macarena –pensé para mis adentros.
El chico, con una gran cara de susto, entro en el aula. Pobre.
Todos mis hermanos se rieron y se fueron llendo a esepción de Edward, que me miraba sonriendo con esa sonrisa torcida matadora.
-Edward… -dije levantando nuestras manos unidas, dandole a entender que me tenía que ir.
-Oh disculpa –me dijo. Soltó mi mano y me beso en la mejilla.
Puedo jurar que su labio rosó un milimetro del mio. ¿Pero que digo? Me ilusiono, y genero falsas ilusiones. No tengo remedio.
El día paso rápidisimo. Muchos chicos se me acercaron a darme la bienvenida, asi también como muchas chicas venían a alagarme el vestido y a preguntarme sobre mi y mi vida en Finlandia. Gran parte, era mentira.
La noche llego y rendida me cai en la cama luego de un rico baño calentito.
Edward se acostó a mi lado y tarareó la nana que tanto me gustaba mientras acariciaba mi cabello. Estar durmiendo sobre su petreo pecho es la mejor forma de descansar.
Pareció que dormi solo un minuto porque de repente me desperté por los gritos de felicidades de toda mi familia.
Claro. Mi cumpleaños.
Me abrazé con todos, agradeciendoles las felicitación y a pesar del extasis que me producía saber que ya estaba en mis preciados y esperados quince años, me desplomé en la cama completamente dormida.
-Feliz cumple señorita –susurró esa voz aterciopelada que tanto amaba en mi odio.
Me di vuelta y me subi sobre el. ¿Qué estaba haciendo?
-Gracias –dije y lo abrazé.
La posisión era media rara. Estaba yo en la cama ensima de el abrazados. La posisión me encantaba no iba a mentir. Y un beso en los labios no supondría ningun problema. Pero eramos hermanos. Así que me levante y me fui a arreglar para ir al colgio.
Cuando llegue muchos me saludaron porque yo les había comentado sobre mi cumpleaños, otros porque no perdían oportunidad de hablarme y escuchaban a los demas felicitarme y otros ni se mosquiaron. Luego del almuerzo vi como casi medio colegio tenía en sus manos una tarjeta rosa con cintas bebé blancas en forma de moño. ¿Por qué yo no tenía una? Al menos quería saber de que trataba…
Fui hasta la mesa de Florencia, una de mis nuevas compañeras y le pregunté que era esa tarjeta… Su respuesta me asombr´ó por completo, o quizas no tanto… Alice.
-¿Estas tonta? –me respondió –son las tarjetas de tu cumpleaños, nos la dio Alice.
Quede atonita, o como dije antes, quizas no tanto. Se podía esperar cualquier cosa de Alice. Pero… ¿medio colegio?
-Claro –respondí haciendome la tonta.
Me fui hasta la mesa de mi familia y me senté con ellos mirando a Alice con un deje de histeria.
-Perdon hermanita es que…
-Podrías haberme avisado ¿verdad?
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que Edward no estaba. Pero unas manos se deslizaron por mis hombros abrazandome por atrás y susurrandome al oido:
-Tranquilizate.
Ahí fue cuando me di cuenta de lo que faltaba ahí. Ahí fue cuendo me di cuenta de por que mi histeria no disminuía. No estaba el para controlarme.
-¿Cuándo? –susurré rendida, absorviendo al máximo el perfume que destilaba el cuerpo de mi … de… Edward.
-El viernes. –chilló ella y vino a abrazarme.
Yo sonreí. ¿Cómo podías enojarte ante tanta felicidad? Alice parecía mas chiquilla que yo.

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